Hacía muchos meses que nadie me llamaba guapo, por eso esta mañana cuando al llegar a la oficina Mercedes y Teresa empezaron a hacer bromas sobre el tema, diciendo que donde estaba el uniforme y las gafas, qué a donde iba con ropa de calle, supe que tendría un buen día. En el reparto fue una cosa normal pero despues me enteré que parte de los compañeros habían quedado a ver un museo en el centro. Una pequeña insinuación por parte de Patricia y me bastó para aceptar.
Pasamos la tarde en el Museo Sorolla y me encantó, a decir verdad me gustó más que el propio Prado.
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